2.21.2013

Los puentes de Madison County


Como podéis ver, quiero hablaros del libro, no de la película (la cual, por cierto, tengo que ver después de haberlo leído porque... Es genial)

Al principio pensaba que no me iba a gustar y que me iba a costar leerlo. ¿Por qué? Porque al comienzo hace muchos saltos temporales (del presente al pasado y viceversa) que no están bien marcados o diferenciados... Pero no ha sido así, es más, ¡me ha fascinado!

¿Cómo cuatro días pueden cambiar tanto la vida de dos personas? ¿Cómo sólo cuatro días de toda una vida se convierten en los más importantes de esta?  Además, que todo ocurre tranquilamente, sin prisas y a su ritmo, sin forzar las cosas. Es todo tan real, tan tangible... Que el momento en el que bailan en la cocina se puede visualizar a la perfección, por ejemplo. 


Pero lo que hace que este libro sea tan espectacular como es, además de esos cuatro días que forman la base de la historia, son las 40 páginas del final. No os voy a contar qué pasa exactamente, pero sólo os digo que no lloraba tanto desde El prisionero del cielo o Marina, ambos de Carlos Ruíz Zafín. Cuatro pañuelos, tuve que dejar de leer varias veces porque no veía nada con tanta lágrima... Intentaba hablar de él cuando lo terminé y volvía a llorar... Pensaréis ¿y por qué si has llorado tanto te ha gustado de esta manera? Adoro los libros que transmiten, que llegan a emocionar, a transmitir sentimientos que lleguen al lector, y eso no es nada fácil de conseguir. Además, los libros que tienen partes tristes son con los que más disfruto y los que más me llegan a gustar.

Espero dejaros por aquí pronto otra crónica pero esta vez de la película, aunque será inevitable compararla con el libro y ya se sabe que las comparaciones son odiosas. ¡Leed el libro, espero que os llegue a transmitir lo que me transmitió a mí!

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